Este es un blog para todos los Nefilim, Subterráneos y Mundanos amantes de las sagas del mundo de Cazadores de Sombras de la maravillosa Cassandra Clare. Un lugar donde encontrar noticias relacionadas con los libros, película Cazadores de Sombras: Ciudad de Hueso, serie Shadowhunters, escritora y mucho más en español.

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domingo, 7 de septiembre de 2014

"Después del Puente", la Historia de Jem y Tessa [Completa en Español]

Imagen por Cassandra Jean

¡Cazadores! No os perdáis la historia que tiene lugar después del final del epílogo de Los Orígenes 3: Princesa Mecánica con Jem y Tessa. Cassandra Clare ha publicado la historia en 5 partes y nosotros os hemos traído parte por parte traducida para que podáis disfrutar de ella. Esta historia estará disponible en la sección de "Extras" del menú superior del blog.

¿Preparados?

AVISO: Este post contiene SPOILERS del final de Princesa Mecánica


Parte 1

“Ahora es tiempo para nuestro confort y plenitud.
Estos son los días para los que hemos estado trabajando
Nada puede tocarnos y nada puede hacernos daño
Ya nada va mal.”

Keane- Love is the end



Tessa tenía un piso propio en Londres. Era el segundo piso de una casa blanca en Kensington y como los había dejado a los dos dentro (su mano temblando un poco mientras giraba la llave) le explicaba a Jem que Magnus le había enseñado como los Brujos podían ser los dueños de una casa durante tantos siglos dejándoselas de herencia a si mismos.

“Después de un tiempo empecé a usar nombres tontos,” dijo,  cerrando la puerta detrás de ellos “creo que soy la dueña de este piso bajo el pseudónimo de Bedelia Codfish.”

Jem se río, aun que su atención no estaba enteramente en lo que le decía. Estaba echándole un vistazo al piso (las paredes estaban pintadas con colores brillantes: el salón lila con sofás blancos, la cocina verde aguacate. Se preguntó cuando había comprado el piso Tessa, y porque? Había viajado muchísimo, porque establecer su casa en Londres?).

La pregunta se secó en su garganta cuando se giró y se dio cuenta de la puerta parcialmente abierta, pudo atisbar las paredes azules de lo que parecía una habitación.

Tragó y su boca se secó de repente. La cama de Tessa. En la cual ella había dormido.

Entrecerró los ojos y lo miró. “¿Estas bien?” Lo cogió de la muñeca; él sintió que el pulso se le aceleró bajo su tacto. Como siempre antes de convertirse en Hermano Silencioso. Durante su estancia en Idris se preguntó, después de que el fuego celestial le ocurriera, si seguiría siendo de esa manera para ellos: si sus sentimientos humanos volverían. Había podido tocarla y estar cerca de ella como Hermano Silencioso sin quererla como lo había hecho cuando era mortal. Aun la amaba, pero era amor de espíritu, no carnal. Se preguntó (incluso temió, que los sentimientos y respuestas físicas no volverían a ser lo que eran. Se dijo a si mismo que incluso si la Hermandad Silenciosa hubiera matado la habilidad de manifestar sus sentimientos de manera física, que no se decepcionaría. Se había mentalizado para saber que esperar.

No tendría que haberse preocupado.

En el momento en que la vio en el puente, acerándose hacia él entre la multitud con sus jeans modernos y su bufanda, con su pelo al viento. Él sintió su aliento llegar a su garganta. Y cuando ella sacó del cuello el medallón de jade que el le había dado y tímidamente se lo dio, su sangre bombeo llena de vida dentro de sus venas, como un rio sin repesa.

Y cuando ella le dijo, Te amo. Siempre te he amado y siempre te amare, le llevo todo lo que no tenía no besarla en ese mismo momento. Hacer mas que besarla.

Pero si la Hermandad le había enseñado algo, era el autocontrol. Ahora la miraba y luchaba con la firmeza de su voz. “ Un poco cansado”, dijo. “Y sediento, a veces me olvido de que ahora necesito comer y beber.”

Dejó sus llaves en una pequeña mesa de madera rosada y se giró para sonreírle. “¿Té?,” dijo dirigiéndose hacia la cocina de color verde aguacate. “No tengo mucha comida aquí, normalmente no me quedo mucho tiempo, pero tengo té y galletas. Ves a la sala de estar, iré en un momento.”

Tuvo que sonreír a eso, incluso él sabia que ya nadie decía sala de estar. Tal vez ella estaba tan nerviosa como él, entonces? Solo podía esperar.

Tessa maldijo en silencio por cuarta vez mientras se reclinaba para coger la bolsa de azucarillos del suelo. Ya había puesto la tetera eléctrica sin agua adentro, mezcló las bolsitas de té, tiró la leche y ahora esto. Puso un cubo de azúcar dentro de las dos tazas y se dijo a si misma q tenia q contar hasta diez, mientras veía como se disolvían los cubos.

Sabia que sus manos temblaban. Su corazón se aceleraba. James Carstairs estaba en su piso. En su salón. Esperando el té. Parte de su mente gritaba que solo era Jem, mientras que la otra parte gritaba aun mas fuerte que solo Jem era alguien a quien ella no había visto en ciento treinta y cinco años.

Él había sido el Hermano Zachariah tanto tiempo. Y por supuesto él siempre había sido Jem en esencia, con el ingenio y la indiscutible bondad de Jem. Él nunca había deja de quererla a ella o a Will. Pero los hermanos silencioso… ellos no sienten las cosas de la manera que la gente normal las siente.

Es algo que ella había pensado a veces en los últimos años, muchas décadas después de la muerte de Will. Ella nunca había querido a nadie mas, nunca a nadie más que a Will o Jem y los dos se habían ido, incluso estando Jem vivo. Ella se preguntaba a veces que hubieran hecho si solo hubiera estado prohibido para los hermanos silenciosos casarse o amar, pero algo mas que eso: el no podía desearla.

Él ya no tenia esos sentimientos. Ella se sentía como Pigmalion, anhelando el tacto de una estatua de mármol. Los hermanos silenciosos no tenían deseos físicos , no mas que la necesidad de comida o agua.

Pero ahora…

A veces olvido que ahora tengo que comer y beber.

Ella cogió la taza de té, aun con sus manos temblando, y entra en el salón. Lo había amueblado ella misma en el transcurso de los años, desde los cojines del sofá hasta el biombo japonés  con diseño de ramas que estaba doblado. Las cortinas, colgando de la ventana al final de la habitación, estaban medio corridas, la suficiente cantidad de luz entrando en la habitación tocando los toques de dorado en el pelo negro de Jem, y ella casi tira la taza.

Casi ni se tocaron en el camino en taxi a Queen’s Gate, solo se cogieron de las manos en la parte trasera del taxi. Él recorría la yema de sus dedos por la parte trasera de los de ella, así una y otra vez, hasta que empezó a contar lo que pasó en Idris desde la última vez que se vieron, Cuando la guerra Mortal, en la que ella había peleado, termino. Cuando Magnus le señalo a Jace Herondale y ella miró al chico que tenia la preciosa cara de Will y los ojos como su hijo James.

Pero su pelo era el de su padre, esos dorados y enredados rizos y recordando lo que ella sabía de Stephen Herondale, se fue sin hablar.

Herondales, alguien le dijo una vez. Eran todo lo que los Cazadores de Sombras tenían para ofrecer, todo en una sola familia: ambos lo mejor y lo peor.

Ella puso las tazas en la mesita auxiliar (un baúl cubierto de sellos de todos los viajes que había realizado) con un golpe. Jem se giró para ponerse frente a ella y vio lo que llevaba en las manos.

Una de las estanterías exhibía armas: cosas que ella había recogido alrededor del mundo.  Una misericordia delgada, una kris curvada, un cuchillo de trinchera, una espada corta, y una docena de otras. Pero la que Jem había cogido y miraba era un cuchillo plateado fino, el asa se había oscurecido de tantos años de estar enterrada en la tierra. Ella nunca la había limpiado, en el filo había sangre de Will. La cuchilla de Jem, la sangre de Will, enterradas juntas en las raíces de un olmo, como si fuera una especie de magia. Will lo había hecho cuando pensó que había perdido a Jem para siempre. Tessa la había cogido después de la muerte de Will y se la había ofrecido a Jem, él la había rechazado.

Eso había sido en 1937.

“Quédatelo,” dijo él, con voz rota. “Puede que llegue el día…”

“Eso es lo que tu me dijiste”.  Ella se acercó a él, sus zapatos haciendo ruido en el suelo. “Cuando intente dártelo”.

Tragó , recorriendo sus dedos por la espada. “ Él acababa de morir,” dijo.  Ella no necesitaba preguntar, solo había un él cuando los dos hablaban. “Tenia miedo. Vi lo que les había pasado a los otros Hermanos Silenciosos. Vi como se iban endureciendo con el tiempo, perdiéndose a si mismos. A medida que  la gente que los amaba y que ellos amaban iban muriendo, se hacían menos humanos. Tenia miedo de que me dejara de importar. Saber lo que este cuchillo significaba para Will y lo que Will significaba para mí.”   

Ella reposo la mano en su brazo. “Pero no te olvidaste.”

“No perdí a todos a los que amaba.” Él la miró, y ella vio que sus ojos tenían un poco de dorado, unos preciosos destellos junto con el marrón. “Yo te tuve.”

Ella exhaló, su corazón latía tan fuerte que le dolía el pecho. Entonces vio que él sujetaba el filo del cuchillo, no solo el mango. Rápidamente se lo quito de las manos. “No, por favor,” dijo ella “no puedo dibujar una Iratze”.

“Y no tengo una estela,” dijo él, mientras miraba como ella volvía a poner el cuchillo en la estantería. “No soy un cazador de sombras ahora.” Miro sus manos , había finas líneas en sus palmas, pero no había cortado la piel.

Impulsivamente, Tessa se reclino y besó sus palmas, entonces le cerro la mano, con su mano encima de la de él. Cuando miró hacia arriba sus pupilas se habían oscurecido. Podía oírle respirar.

“Tessa,” dijo “no.”

“No, ¿que?” Ella se alejo de él de manera instintiva. Tal vez él no quería que lo tocaran, aun que en el puente no parecía eso…

“Los hermanos me enseñaron a controlarme,” dijo, su voz tirante. “Tengo todo tipo de control, y lo he aprendido durante décadas y décadas y lo estoy usando para no empujarte contra las estanterías y besarte hasta que ninguno de los dos pueda respirar.”

Ella levanto su barbilla. “Y que tendría de malo?”

“Cuando era un Hermano Silencioso, no me sentía como un hombre normal.” Dijo. “Ni el viento en mi cara o el sol en mi piel o el tacto de otra persona en mi mano. Pero ahora lo siento todo. Siento… demasiado. El viento es como una tormenta, el sol me quema y tu tacto me hace olvidar hasta mi propio nombre.”

“Un golpe de calor la recorrió, un calor que empezaba en su estomago y se expandía por su cuerpo. La clase de calor que no sentía desde hacía muchas décadas. Casi una década.  Se le erizó la piel. “Al viento y al sol te acostumbraras,” dijo ella. “Pero tu tacto también me hacia olvidar mi nombre, y no tengo excusas. Solo que te amo,  siempre lo he hecho y siempre lo hare. No te tocaré si no lo deseas, Jem. Pero si tenemos que esperar a que la idea de estar juntos no nos asuste, puede que estemos esperando mucho tiempo.”

El aire se escapo en su suspiro. “Vuelve a decir eso.”

Perpleja, comenzó: “Que si esperamos hasta…”

“No,” dijo él. “La primera parte.”

Ella se puso frente a él. “Te amo,” dijo. “Siempre lo he hecho y siempre lo haré.”

No supo quien se echó encima de quien, pero la cogió de la muñeca y ya la estaba besando antes de que ella pudiera volver a respirar. Este beso no era como el del puente. Esa había sido una comunicación silenciosa entre labios, el intercambio de una promesa y resurrección. Fue dulce y  conmovedor , como un relámpago sutil.

Esto era una tormenta. Jem la besaba, fuerte, estrujándola y cuando ella abrió sus labios contra los de él saboreo el interior de su boca, el suspiro y la apretó mas fuerte contra él, con sus manos adentrándose en sus caderas, apretándola mas hacia él mientras exploraba sus labios con su lengua, acariciándose, mordiéndose, besándose para aliviar el ardor. En los viejos tiempos, cuando ella le besaba, el sabia como azúcar amarga: ahora sabia a té y… pasta de dientes?

Pero, por que no a pasta de dientes. Hasta los Cazadores de Sombras de mas de cien años tenían que lavarse los dientes. Una pequeña risa nerviosa se le escapó y Jem se echó para atrás, pareciendo aturdido y desgreñado. Su pelo estaba despeinado por donde ella había pasado sus dedos.

“Por favor dime que no te ríes porque beso tan mal que es gracioso,” dijo él,  con una sonrisa torcida. Ella pudo sentir su preocupación. “Puede que este un poco oxidado.”

“¿Los Hermanos Silenciosos no besan mucho?” ella bromeó, alisándole el jersey.
“No, a menos que hagan orgías secretas a las cuales no haya estado invitado,” dijo Jem, “Siempre me preocupó no haber sido muy popular.”

Ella cerro su mano alrededor de su muñeca. “Ven aquí,” dijo ella. “Siéntate, tomemos un poco de té, quiero enseñarte algo.”

Fue, como ella le pidió, y se sentó en el sofá de terciopelo, apoyándose en los cojines que ella había cosido con la tela que había traído de Tailandia. Ella no podía esconder su sonrisa… él solo parecía un mas mayor de lo que era cuando se convirtió en Hermano Silencioso, como un chico normal en jeans y jersey, pero se sentaba de la misma manera que lo haría un hombre de la época victoriana… la espalda recta, los pies planos en el suelo. El la pillo mirando mientras se le levantaban las comisuras de sus labios. “esta bien,” dijo él. “Que tienes que enseñarme?”.

Como respuesta, ella fue hasta el biombo japonés que se extendía a través de la esquina de la habitación, y se puso detrás. “ Es una sorpresa.”

El maniquí estaba ahí, oculto del resto de la habitación. Ella no podía verlo a través de la pantalla del biombo, solo figuras difuminadas. “Háblame,” dijo ella, sacándose el jersey. “Dijiste que era un historia sobre Lightwoods, Fairchilds y Morgenstern. Se un poco acerca… recibí tus mensajes mientras estaba en Labyrinth… pero no sé como la Guerra Oscura afecto a tu cura.” Dijo poniendo el jersey por encima del biombo. “Me lo puedes contar?”

“Ahora?” dijo él.  Oyó como él ponía la taza en la mesa.

Tessa se quitó los zapatos y se desprendió el pantalón, haciendo ruido en la habitación silenciosa. “Quieres que salga de detrás del biombo James Carstairs?”

“Por supuesto” Su voz sonó estrangulada.

“Entonces empieza a hablar”.

Parte 2

Jem habló. Habló de los días oscuros en Idris, del ejército de Sebastian Morgenstern de Cazadores Oscuros, de Jace Herondale y Clary Fairchild y los niños de los Lightwood y su peligroso viaje a Edom.

“He oído hablar de Edom,” dijo ella, su voz amortiguada. “Se habla de esto en Spiral Labyrinth, en dónde buscan las historias de todos los mundos. Un lugar dónde los nefilim fueron destruidos. Una tierra perdida.”

“Sí,” dijo Jem, un poco ausente. No podía verla a través de la pantalla, pero pudo ver la forma de su cuerpo, y de alguna manera, eso era peor. “Tierra perdida ardiendo. Muy… caliente.”

Había tenido miedo que los Hermanos Silenciosos le hubieran quitado el deseo: que pudiera mirar a Tessa y sentir amor platónico pero no ser capaz de querer, pero lo contrario era verdad. No podía parar de querer. Él quería, pensó, más de lo que nunca había querido en su vida.

Ella estaba claramente cambiándose la ropa. Miró hacia abajo apresuradamente cuando ella empezó a moverse para quitarse los vaqueros, pero no era como si él podía olvidarse de la imagen, la silueta de ella, pelo largo y piernas largas y adorables – siempre había adorado sus piernas.

Seguramente había sentido esto antes, cuando había sido chico. Recordaba la noche en la habitación cuando ella le paró al destrozar su violín, y él quería entonces, lo quería tanto que no lo pensó en absoluto cuando colapsaron en la cama: le hubiera la inocencia entonces, y habría dado la suya, sin pausa, sin pensar ni un momento en el futuro. Si no hubieran golpeado su caja de yin fen. Sí. Eso lo trajo de vuelta, y cuando ella se había ido, rompió las hojas a tiras con sus dedos de la frustración.

A lo mejor era solo recordar el deseo que palidecía en comparación con el sentimiento en sí mismo. O a lo mejor se había quedado parado en ese momento, débil. Se había estado muriendo, después de todo, y seguramente su cuerpo no podría haber sufrido eso. “Un Fairchild y un Herondale”, dijo ella. “Bueno, me gusta eso. Los Fairchilds siempre han sido prácticos y los Herondales – bueno, ya sabes.” Sonó cariñosa, divertida. “A lo mejor hace que asiente la cabeza. Y no me digas que no lo necesita.”

Jem pensó en Jace Herondale. Con su parecido con Will si alguien hubiera encendido una cerilla y hubiera tostado a Will a fuero vivo. “No estoy seguro que se pueda asentar a un Herondale, y ciertamente no a este.”

“¿La quiere? ¿A la chica Fairchild?”

“Nunca he visto a nadie tan enamorado, excepto por…” Su voz se rompió, cuando ella salió de detrás de la pantalla, y ahora entendió qué le llevó tanto rato.

Llevaba un vestido de seda faya orquídea, el tipo de vestido que podría haber llevado a cenar cuando habían estado  comprometidos. Se recortaba con cuerdas de terciopelo blanco, la campana de la falda a lo largo - ¿llevaba puestos miriñaques?

Su boca se abrió. No pudo hacer nada. La había encontrado  hermosa a pesar de los cambios de edad de los siglos: hermosa en un corte de ropa cuidadoso en los años de guerra, cuando las fábricas estaban racionadas. Hermosa en los elegantes vestidos de los cincuenta y sesenta. Hermosa en faldas cortas y botas así como el siglo acababa.

Pero eso era cómo se veían las chicas cuando se empezó a fijar en ellas por primera vez, las encontró por primera vez fascinantes y no molestas, por primera vez la línea grácil del cuello o el color pálido dentro de la muñeca femenina. Esta era la Tessa que le había cortado y atravesado con amor y lujuria mezclada: un ángel carnal con un corsé trazando su cuerpo como a un reloj de arena, subiendo sus senos, conformando la flama de sus caderas.

Forzó a quitar sus ojos de su cuerpo. Se había recogido el pelo, pequeños rizos escapando sobre sus orejas, y su collar de jade brillando alrededor de su cuello.

“¿Te gusta?” dijo ella. “He tenido que hacerme el pelo yo, sin Sophie, y atarme mis propios lazos…” 
Su expresión era tímida y más un poco nerviosa – siempre había sido una contradicción en el fondo de su corazón, que era una de las personas más valientes y a la vez más tímidas que conocía. “Lo he comprado en Sotherby – una verdadera antigüedad, bueno, costaba más dinero pero recordé que cuando era niña dijiste que las orquídeas eran tus flores favoritas y me he decidido a encontrar un vestido del color de la orquídea pero nunca encontré ninguno antes de que te – fueras. Pero este lo es. Teñido anilina, espero, nada natural, pero pensé – pensé que te recordaría” Levantó la barbilla. “A nosotros. A lo que quería ser para ti, cuando pensé que estaríamos juntos.”

“Tess,” dijo él, con voz ronca. Se levantó, sin saber cómo había llegado ahí. Dio un paso hacia ella, y luego otro. “Cuarenta y nueve mil doscientos setenta y cinco”.

Ella supo inmediatamente a qué se refería. Él sabía que lo haría. Le conocía como nunca nadie lo había hecho. “¿Estás contando los días?”

Cuarenta y nueve mil doscientos setenta y cinco días desde la última vez que te besé,” dijo él. “Y pensé en ti cada día de ellos. No tenías porqué recordarme a la Tessa que amaba. Fuiste mi primer amor y serás mi último. Nunca te he olvidado. Nunca he estado sin pensar en ti.”

Estaba lo suficientemente cerca para ver el pulso latiendo en su cuello. Para llegar y levantar los rizos de su pelo. “Nunca”.

Sus ojos estaban medio cerrados. Se acercó a él y cogió su mano, dónde acarició su pelo. La sangre le recorría de manera atronadora por su cuerpo, tan fuerte que dolía. Le bajó su mano, la bajó hacia el corpiño de su vestido. “La etiqueta del vestido ponía que no tenía botones,” susurró ella. “Solo se ata por el delante. Fácil para que una persona se lo ponga.” Bajó su mano derecha, cogió su otra muñeca, y la levantó. Ahora tenía ambas manos en el corpiño. “O para deshacerlo.” Sus dedos se entrelazaron con los de él, muy deliberadamente, deshizo el primer lazo de su vestido.

Y el siguiente. Ella movió sus manos hacia abajo, sus dedos entrelazados con los de él, desajustando el vestido hasta colgar del corsé. Ella respiraba fuerte. Él no podía quitar la vista de donde su medallón subía y bajaba por su respiración. No podía moverse ni un centímetro hacia ella: él quería, quería mucho. Quería enrollar su pelo en su muñeca como si fuera una cuerda de seda. Él quería sus pechos debajo de sus manos y sus piernas alrededor de su cintura. Quería cosas para las cuales nunca había puesto nombre, las cuales nunca había experimentado. Solo sabía que si se movía un centímetro hacia ella, la barrera de cristal que había construido alrededor de él se rompería y no sabía que pasaría a continuación.

“Tessa,” dijo él. “¿Estás segura…?”

Ella movió las pestañas ligeramente. Sus ojos aun estaban medio cerrados, sus labios hacían una pequeña media luna en su labio inferior. “Estaba segura antes,” dijo, “y lo estoy ahora.”

Y  apretó sus manos firmemente en su costado, donde su cintura se curvaba, a cada lado de su cadera.
Su control se rompió, con una explosión silenciosa. Él la atrajo hacia si mismo, y se acercó para besarla salvajemente. La escucho gritar de sorpresa y luego sus labios la silenciaron, y su boca se abrió ansiosamente debajo de la él. Sus manos estaban en su pelo, cogiéndolo con fuerza. Ella se puso de puntillas para besarlo. Le mordió el labio inferior, le mordisqueó la barbilla, el gimió deslizando sus manos dentro de su vestido, sus dedos buscando la parte de atrás de su corsé. Su piel ardía a través de los agujeros que había entre los cordones. Se estaba quitando los zapatos, los calcetines, el suelo estaba frio bajo sus pies.

Ella dio un grito ahogado y se acurrucó más cerca, dentro de sus brazos. Sacó las manos de dentro del vestido y se adentró en la falda. Ella hizo un sonido de sorpresa y luego él estaba quitándole el vestido por encima de la cabeza. Mientras él sacaba el vestido ella se reía, pero este aun estaba ajustado en la parte de los puños donde unos pequeños botones ajustaban las muñecas. “Cuidado,” ella bromeó, mientras sus dedos ansiosos desabotonaban los puños. Tiró del vestido y este cayó en un rincón. “Es una antigüedad.”

“Yo también, técnicamente,” dijo él, y ella se rió otra vez, mirándole, su cara cálida y abierta.

Él ya había pensado en hacerle el amor, claro que lo había pensado. Había pensado en el sexo cuando era una adolescente porque eso es en lo que los adolescentes piensan, y cuando se enamoró de Tessa, pensó sobre hacerlo con ella. Vagas  y básicas ideas de hacer cosas, aunque no estuviera seguro de que… imágenes de pálidas piernas y brazos, la imaginaria sensación de su piel bajo sus manos.

Pero no se había imaginado esto: que hubiera risas, que sería tan cálido y afectuoso como apasionado. La realidad de ello, de ella, lo asombraba hasta dejarlo sin respiración.

Ella se alejó un momento y él entró en pánico. ¿Que había hecho mal? La había herido o disgustado? Pero no, sus dedos habían ido al miriñaque de su cintura, girándolo y sacudiéndolo. Luego ella levantó sus brazos y los puso alrededor de su cuello. “Levántame,” dijo ella. “Levántame, Jem”.

Su voz era como un ronroneo cálido. Él la tomó de la cintura y la levantó hacia arriba y fuera de sus enaguas, como si estuviera sacando una orquídea carísima de su maceta.  Cuando la dejó en el suelo solo llevaba el corsé, tiradores y medias. Sus piernas eran tan largas y encantadoras como él las recordaba, como había soñado.


La cogió, pero ella le cogió las manos. Aun sonreía, pero ahora había un tono travieso en ello. “Oh, no,” dijo ella, haciendo un gesto hacia sus pantalones y su jersey. “Tu turno.”

Parte 3

Él se quedó quieto, por un momento, y entró en pánico, Tessa se preguntó si le había preguntado demasiado. Había estado demasiado tiempo desconectado de su cuerpo – una mente en una cáscara de carne que fue durante mucho tiempo ignorada menos cuando se necesitaba para algún nuevo poder. A lo mejor había sido demasiado para él.

Pero tomó un largo trago de aire, y sus manos se dirigieron al borde de su jersey. Se lo quitó por la cabeza y emergió con su pelo adorablemente alborotado. No llevaba camiseta debajo del jersey. La miró y se mordió el labio.

Se movió hacia él, con la duda en sus ojos y dedos. Le miró antes que le pusiera las manos encima y le viera asentir, .

Ella suspiró fuerte. Lo había llevado tan lejos como en la marea de sus recuerdos. Recuerdos de James Carstairs, el chico al que había estado comprometida, con el que había planeado casarse. Casi habían hecho el amor en el suelo de la sala de música en el Instituto de Londres. Había visto su cuerpo entonces, desnudo hasta la cintura, su piel pálida como el papel y firme sobre las costillas prominentes. El cuerpo de un chico moribundo, aunque siempre había sido precioso para ella.

Ahora su piel estaba sobre sus costillas y el pecho con una capa de músculo liso; su pecho era ancho, disminuyendo hasta una cintura delgada. Puso sus manos sobre él tentativamente; estaba caliente y duro bajo su tacto. Podía sentir las cicatrices desvanecidas de runas antiguas, pálidas sobre su piel dorada.

Su aliento silbó entre los dientes mientras ella subía sus manos por su pecho y la bajaba por sus brazos, la curva de sus bíceps dando forma debajo de sus dedos. Le recordaba luchando con los otros Hermanos en Cader Idris – y por supuesto luchó en la batalla de la Citadel, los Hermanos Silenciosos estuvieron listos para la batalla, aunque raramente lo hacían. De alguna manera nunca había pensado sobre qué debió significar para Jem una vez que ya no se estaba muriendo.

Los dientes de ella castañearon un poco;  se mordió el labio para mantenerlos en silencio. El deseo fluía a través de ella, y un poco de miedo también: ¿Cómo podía estar esto pasando? ¿Pasando de verdad?

“Jem”,  susurró. “Eres tan…”

“¿Asustada?” Puso su mano en su mejilla, dónde la marca negra de la Hermandad todavía se mantenía en el arco de sus mejillas. “¿Odioso?”

Ella movió su cabeza. “¿Cuántas veces tengo que decirte que eres hermoso?” Movió su mano por la curva de su hombro hacia su mejilla; él tembló. Eres hermoso James Carstairs. “¿No viste que todos te miraban en el puente? Eres mucho más guapo que yo,” murmuró ella, deslizando sus manos a su alrededor tocando los músculos de la espalda; se tensaban bajo la presión del tacto de sus dedos. “Pero si eres lo suficientemente tonto como para quererme entonces no voy a cuestionar mi buena fortuna.”

Giró la cara a un lado y ella le vio tragar. “Durante toda mi vida,” dijo él, “cuando alguien ha dicho la palabra ‘hermoso’, ha sido tu cara lo que he visto. Eres mi propia definición de hermoso, Tessa Gray”.

Su corazón se entregó. Se puso de puntillas – siempre había sido una chica alta pero Jem era más alto – y puso su boca a un lado de su cuello, besándolo gentilmente. Sus brazos la abrazaron, presionándola contra él, su cuerpo duro y caliente, y sintió otra ráfaga de deseo. Esta vez ella le pellizcó, mordiendo su piel en dónde su hombro se curvaba con el cuello.

Todo se volvió del revés. Jem hizo un ruido en el fondo de su garganta y de repente estaban en el suelo y ella estaba sobre él, su cuerpo amortiguando la caída. Le miró atónita. “¿Qué ha pasado?”

Le miró desconcertado también. “No podía estar más tiempo de pie”.

Su pecho se llenó de calor. Había pasado mucho tiempo que casi había olvidado el sentimiento de besar a alguien tan fuerte que tus rodillas se vuelven débiles. Él se incorporó sobre los hombros. “Tessa –“

“No pasa nada,” dijo firmemente, cogiendo su cara entre sus manos. “Nada, ¿entiendes?”

Él giró sus ojos hacia ella. “¿Me has hecho la zancadilla?”

Se echó a reír; su corazón aún latía distante, mareada de alegría y alivio y terror, todo al mismo tiempo. Pero le había mirado antes, había visto la manera en la que le miraba el pelo cuando estaba suelto, sintió sus dedos en él, acariciándolo tentativamente, cuando la había besado en el puente. Se quitó las horquillas, lanzándolas por toda la habitación.

Su pelo quedó libre, derramándose por sus hombros, hacia su pecho. Se inclinó hacia adelante para que se pusiera sobre la cara de él, su pecho desnudo.

“¿Te importa?” susurró ella.

"Mientras se desarrolle," dijo él, contra su boca, "No me importa. Me parece que prefiero estar recostado”.

Ella se rió y movió su mano hacia bajo de su cuerpo. Se removió, arqueándose a su paso. “Para ser una antigüedad”, murmuró, “que se vendería a buen precio en Shoteby. Todas tus partes están en su sitio.”

Sus pupilas se dilataron y entonces se rió, su aliento caliente llegó a rachas contra sus mejillas. “Había olvidado lo que era que se rieran de ti, pienso,” dijo él. “Nadie se ríe de los Hermanos silenciosos”.

Había cogido ventaja de su distracción para quitarle los vaqueros. Había poca ropa entre ellos ahora. “No estás en la Hermandad ya,” dijo ella, pasando los dedos por su estómago, había  cabello fino justo debajo de su ombligo, su pecho desnudo suave. “Y estaría bastante decepcionada si siguieras siendo silencioso”.

Fue a por ella ciegamente y la bajó. Sus manos enterradas en su pelo. Y se estaban besando otra vez, sus rodillas a cada lado de su cadera, sus palmas contra su pecho. Las manos se movían a través de su pelo una y otra vez, y cada vez podía sentir su cuerpo moverse hacia arriba contra ella, creciendo en intensidad y fervor cada vez que se separaban y volvían a juntarse.

Llevó sus manos a los cordones de su corsé y tiró de ellos. Se movió para mostrarle que también estaba atado bajo su pecho, pero él ya había agarrado el material. “Mis disculpas,” dijo él, “a la antigüedad,” y entonces, en un modo poco típico de Jem, rompió el corsé abriéndolo por delante y lo tiró a un lado. Debajo estaba su camisola, la cual se quitó pasándola por la cabeza y la tiró a un lado.

Entonces tomó un profundo suspiro. Estaba desnuda delante de él ahora, como nunca lo había estado.

Parte 4

Jem tenía la sensación de que luego le picarían las manos, pero en ese momento no podía sentir nada más que a Tessa.  Ella estaba sentada a horcajadas suya, sus ojos eran intensos, su pelo caía sobre sus hombros  y sus pechos desnudos. Parecía la Venus emergiendo del las olas, con solo el medallón para cubrirla, brillando contra su piel.

“Creo,” ella dijo, su voz sonó alta y  entrecortada, “que necesito que me beses ahora.”

Alzó las manos para atraerla hacia abajo, cogiéndola de sus delgados hombros. Le dio la vuelta para quedar encima de ella, balanceándose sobre sus codos, teniendo cuidado con su peso. Pero a ella parecía no importarle. Ella se acomodó debajo de él, curvando su cuerpo para encajarlo con el suyo. La suavidad de sus pechos presionados sobre el suyo y el hueco de sus caderas lo rodeaba y los dedos desnudos de los pies recorrían sus vaqueros.

Hizo un oscuro sonido de necesidad proveniente de la parte baja de su garganta, un sonido que él casi ni se dio cuenta de había hecho. Un sonido que hizo que las pupilas de Tessa se dilataran, que su respiración se acelerara. “Jem,” dijo ella, “por favor, Jem,” y ella giró la cabeza hacia un lado, almohadillando la mejilla en su  cabello suelto.

Se inclinó sobre ella. Esto es lo máximo que habían hecho juntos, antes. Lo máximo que él recordaba. Que a ella le gustaba que la besaran debajo de la garganta, que si seguía la forma de su clavícula con su boca ella gemiría y hundiría sus manos en su espalda. Y si se había sentido aterrorizado de lo que vendría después… de no saber qué hacer, o como complacerla… se había desvanecido en el arrebato de su capacidad de respuesta: sus gritos suaves mientras él recorría sus piernas con sus manos y besaba su pecho y su estomago.

“Mi Jem,” ella susurro y él la besó. “James Carstairs. Ke Jian Ming.”

Nadie lo había llamado por su nombre completo en casi un siglo. Era tan íntimo como el tacto.

No estaba seguro de cómo se habían sacado el resto de la ropa, solo que de alguna manera estaban tumbados sobre los restos destrozados de sus enaguas y el vestido de seda. Tessa no era gentil y dócil debajo de él como lo había imaginado hacia tiempo, sino receptiva y exigente, levantando la cabeza para que la besara una y otra vez, pasando sus manos por todo su cuerpo, cada tacto de sus dedos encendiendo chispas en sus terminaciones nerviosas, las cuales él pensaba que ya no existían.

Era mucho mejor que lo que había imaginado. Estaba rodeado de ella, su olor a jabón de agua de rosas, su piel sedosa y su confianza implícita. No era solo que ella confiara en que él no la lastimaría. Era más que eso. Ella confiaba en que su inexperiencia no importaba, que nada importaba excepto de que eran ellos dos y que siempre habían buscado hacer al otro feliz. Cuando él titubeaba y decía, “Tessa, no sé cómo…” ella susurraba contra su boca y ponía sus manos donde deberían ir.

Como si le estuviera enseñando, pero de la manera más gentil y mejor. Nunca se hubiera imaginado eso, que sus respuestas se vieran reflejadas, que el placer de ella magnificaría el suyo propio. Que cuando el deslizara su mano por sus piernas ella las envolvería alrededor de su cintura por su voluntad propia.  Que cada pensamiento se escapara de su cabeza excepto el de la sensación debajo de él  y alrededor de él mientras ella lo guiaba hacia donde el necesitaba ponerse.

Se oyó a si mismo gemir como si a la distancia, mientras se hundía en ella. “Tessa”. Él apretó sus hombros como si pudiera arañar la última pizca de control. “Tessa, Dios mío, Tessa, Tessa.” La coherencia lo abandonó completamente. Dijo algo mas, pero no en Inglés, no supo qué, y sintió sus brazos apretándolo a su alrededor.

Respiraba entre jadeos. Sus ojos cerrados, la luz quemándole los parpados. Demasiada luz. Luchaba por una pizca de control, sin querer que se acabara, aun no. Escuchó la voz de Tessa, susurrando su nombre, Estaban tan cerca, cerca como jamás lo hubiera imaginado. Sus manos deslizándose en su cuerpo, agarrándose a su cintura. Había una fina línea entre sus cejas, sus mejillas color rojo escarlata, y cuando intentó decir su nombre otra vez un jadeo incesante se lo tragó. Una de sus manos voló hacia su boca y se mordió los dedos mientras su cuerpo se apretaba alrededor de él.

Fue como una cerilla en la yesca. El último vestigio de su control desapareció. Él hundió su cara contra su cuello mientras la luz detrás de sus parpados  se fracturaba como un calidoscopio. ÉL había llevado la oscuridad de la Ciudad Silenciosa con él incluso después de haber dejado la Hermandad. Y ahora ella abría su alma y dejaba que la luz entrara y era brillante.

Nunca se hubiera imaginado esto. Nunca se habría imaginado imaginar esto.

Cuando volvió en sí, se encontró a si mismo aun agarrándola con fuerza, su cabeza apoyada en su hombro. Ella respiraba suave e irregularmente, sus manos el pelo de él, murmurando su nombre.

Se apartó de ella a regañadientes, girándose para quedar cara a cara. La luz del día casi había desaparecido. Se miraron el uno al otro bajo un crepúsculo oscuro que suavizaba las asperezas.  Su corazón latía con fuerza  mientras le ponía el pulgar en el labio inferior.

“¿Estás bien?” dijo él,  con voz ronca. “Es eso…” se quebró, dándose cuenta para su horror de que la brillantez en sus ojos era una lagrima. Cayendo una por su mejilla, sin control.

“¿Tessa?” Él podía oír el pánico en su propia voz. Ella le dio una rápida y temblorosa sonrisa, pero esa era Tessa. Ella nunca mostraría decepción. Y si hubiera sido horrible para ella? El pensaba que había sido increíble, perfecto. Él había pensado que su cuerpo se partiría en mil pedazos por sentir tanta dicha al mismo tiempo. Y él había pensado que ella le correspondía, pero que sabría él? Maldijo su propia experiencia, su arrogancia y su orgullo. Que le hizo pensar que podría…

Ella se sentó, inclinándose sobre la mesita auxiliar, sus manos haciendo algo que él no podía ver.  Su cuerpo desnudo perfilado la luz del atardecer, insoportablemente precioso. Él la observaba con su corazón tartamudeando. En cualquier momento ella se levantaría y se volvería a vestir, le diría que lo quería, que siempre lo querría, pero no de esa manera.  Que lo de ellos no era pasión, sino una amistad.

Y se dijo a si mismo que podría soportar eso, antes había ido al puente para confesarse. Se había dicho a si mismo que podía tomar su amistad y nada más, que eso era mejor que no estar cerca de ella.

Pero ahora que él sabía, ahora que habían compartido su aliento y sus cuerpos y almas, no podía echarse atrás. Ser solo su amigo, no volver a tocarla lo rompería en mil pedazos. Sería más agonía, más de la que había sido el fuego celestial.

 “¿Jem?” dijo ella. “Jem, ¡estás a miles de quilómetros de distancia!” Se había envuelto en una manta gris del sofá; estaba sentada a su lado; las lágrimas se habían ido y estaba caliente y sonriente.

“Honestamente, si lo que acabamos de hacer no ha atrapado tu atención, no sé qué lo haría.”

Él expulsó su aliento en un modo de alivio. “Así que esto fue - ¿estuvo bien? Podría ser mejor, podríamos practicar –“

Se dio cuenta de lo que acababa de decir, y cerró su boca.

Una sonrisa maliciosa se extendió por la cara de ella. “Oh, practicaremos,” dijo ella. “Tan pronto como estés listo”.

“No tengo ninguna cita esta noche,” dijo él seriamente.

Ella se sonrojó. “Puede que tu cuerpo necesite tiempo para – para recuperarse”.

“No”, dijo él, y esta vez se permitió un pequeño matiz de complacencia. “No, no lo creo”.

Ella se sonrojó todavía más. Adoraba hacerla sonrojar; siempre lo hizo. “Bueno, necesito cinco minutos, ¡al menos!” dijo ella. “Y necesito que veas esto, ¿por favor?”

Le sostuvo delante un trozo de papel. Su expresión era sorprendemente seria; dejó la petulancia a un lado, y su deseo de burlarse de ella también. No atreviéndose a hablar, cogió el papel de su mano y lo abrió.

Ella se aclaró la garganta. “Puede que estuviera bromeando antes,” dijo ella, “cuando dije que este piso me pertenecía bajo el nombre de Bedelia Codfish”.

Se quedó mirando a la escritura del piso de Queen’s Gate. Estaba al nombre de Tessa, o algo parecido. No Tessa Gray, sin embargo, ni Tessa Herondale. Estaba bajo el nombre de Tessa Herondale Carstairs.

“Cuando hablé con Magnus en Idris, después de la Guerra Mortal,” dijo ella, “me dijo que soñó que te curabas. Ya sabes cómo es Magnus. A veces sus sueños son verdad. Así que me permití soñar por primera vez en mucho tiempo. Sabía que era poco probable, sino imposible. Sé que podría tardar años. Pero me pediste que me casara contigo, una vez, hace mucho tiempo. Y de alguna forma, esta es nuestra noche de bodas. Una consumación muy retrasada”. Le sonrió, mordiendo su labio, claramente nerviosa. Sus dedos jugaban con la manta que sostenía a su alrededor. “No debí haber cogido prestado tu nombre, a lo mejor, pero siempre sentí en mi sangre que éramos familia.”

“Tessa Herondale Carstairs”, susurró él. “Nunca deberías preocuparte por robarme el nombre cuando sabes que te lo puedes quedar.”

Dejó caer el papel y fue hacia ella. Ella se inclinó sobre su regazo y él la abrazó con fuerza, contra la sensación de ahogo en la garganta.

Nunca perdió la esperanza en él. Recordó que le dijo a Will una vez que había perdido la fe, cuando Will no tenía ninguna en sí mismo. Siempre deseó lo mejor para Will, incluso cuando Will no lo esperaba para él mismo. Y Tessa lo hizo para él. Mucho tiempo atrás desesperó por una cura, pero ella – ella siempre tuvo esperanzas.

“Mizpah, Tessa,” susurró. “De verdad, seguro Dios estuvo cuidándonos durante un tiempo, mientras estábamos separados el uno del otro. Y estuvo cuidándonos durante un tiempo mientras ambos estuvimos alejados de Will y nos ha juntado al uno con el otro de vuelta.”

Parte 5

Durmieron, acurrucados, en el ruinoso vestido de Tessa, y más tarde se movieron al sofá. Estaba muy oscuro, y bebieron té frío e hicieron el amor otra vez, esta vez más gentilmente y lentamente hasta que Tessa le dio golpes a Jem en el hombro y le pidió que fuera más rápido. “Dolcissimo, no appasionato,” dijo él con una sonrisa de pura diversión al atormentarla.

“¿Oh?” Bajó su mano y ella hizo algo para lo que él no estaba preparado. Todo su cuerpo se tensó. Se rió mientras sus manos arañaban su pecho. Su pelo negro sobre sus ojos; su piel cubierta de sudor. Antes, ella habría cerrado los ojos: esta vez le miró, el cambio en su expresión mientras se rompía su control, la forma de su boca mientras  jadeaba su nombre.

“Tessa –“

Y esta vez, olvidó morderse la mano para amortiguar los sonidos que hizo. Oh, bueno. Que les den a los vecinos. Había estado callada durante casi un siglo.

“A lo mejor esto ha sido más presto de lo que pensé,” dijo él con una sonrisa, cuando estuvieron tumbados después, tirados entre cojines. “Pero entonces, mentiste. Tienes más experiencia que yo.”

“Me gusta.” Tessa le besó los dedos. “Voy a divertirme mucho introduciéndote a todo. No puedo esperar a que escuches rock and roll, Jem Carstairs. Y quiero verte usar un iPhone. Y un ordenador. Y viajar en metro. ¿Has estado en un avión? Quiero estar en un avión contigo.”

“Jem seguía riéndose. Su pelo estaba hecho un desastre, y sus ojos estaban oscuros y brillaban como lámparas. Parecía el chico que una vez fue, hace muchos años, pero diferente, también: este era el Jem al que Tessa solo empezó a conocer. Un Jem joven y sano, no un chico moribundo o un hermano silencioso. Un Jem que podía amarla con toda su fuerza así como ella le amaría a él.

“Cogeremos un avión,” dijo él. “A lo mejor a Los Ángeles”.

Ella sonrió. Sabía por qué tenían que estar ahí.

“Tenemos tiempo para hacerlo todo,” dijo él, trazando con uno de sus dedos un lado de su cara hacia abajo. “Tenemos para siempre”.

No para siempre, pensó Tessa. Tenían mucho tiempo. Una vida. La vida de él. Y le perdería un día, así como perdió a Will, y su corazón se rompería, como ya se rompió en su día. Y volvería a recomponerse y seguiría a delante, por que el recuerdo de haber tenido a Jem sería mejor que el recuerdo de no haberle tenido en absoluto.

Era lo suficientemente sabia para saberlo, ahora.

“Lo que dijiste antes,” preguntó ella. “Que Jace Herondale ama a Clarissa Fairchild más que nadie a quién hubieras conocido excepto por alguien – nunca acabaste la frase. ¿Quién era?”

“Iba a decir tú y yo y Will,” dijo él. “Pero – es raro decir eso, ¿no?”

“No es extraño en absoluto.” Se acurrucó contra su costado. “Exactamente correcto. Siempre y para siempre, exactamente correcto.”




¿Qué os ha parecido esta historia extra de la vida de Jem y Tessa que no aparece en ningún libro?

* Traducción por 'The Mortal Instruments News en Español', si la coges, indica la fuente ;)

42 comentarios :

Estrella Jazmín Arraya dijo...

Guau!! Esta genial. Me puse a llorar de la emocion. Deseo leer nas de esto ='D

nathalie dijo...

Me prometi no llorar pero, creo que jamas habia roto una promesa de esta manera. DIOS! No solo es hermoso y emocionante es... es... ni siquiera puedo describirlo. Siempre he amado a will, jem y tessa. Muero por que traduscan la siguente parte!
Gracias! pero, tendra espoilers de cohf? verdad? porque si es asi tendria que esperar para leerlo :/ moriria esperando!

Mile Acero dijo...

yo quiero leer esto, pero mejor me espero a que esten todas las partes

Anónimo dijo...

Aaaaahhhh...
Ya lo había leído en mi inglés básico... pero de esta manera... todo se siente más!!!!

Estoy sin palabras!!!! La manera de escribir de Cassie... hace que se nos meta en el corazón cada palabra!!!!
AMO esta historia!!!!
Sólo lamento que no hubiera estado incluída en el libro... para tener la a mi lado y leerla una y otra vez!!!!

Por cierto, Adoré el fragmento de la canción de Keane... "Love is the end" se sientió muy especial desde que la escuché la primera vez hace años ya!!!!

Gracias por la traducción!!!!

Esperando ansiosa por la continuación!!!!
Y por mi copia de COHF!!!!!

Saludos a todos Nefilim!!!

* Lucky *

ralip_ralip dijo...

Hola por aquí:

Realmente me va a encantar leer esto porque cuando Princesa Mecánica termina me quede con ganas de más,de saber que sucedería con esta pareja que merecía terminar así, a partir de ese momento.
Y lo que he leido me ha encantado,ha sido hermoso ver como Jem se muestra a la par tan inseguro y tan enamorado a pesar de los siglos transcurridos como hermano silencioso. Me encanta ver como Tessa le sigue amando del mismo modo que le amó entonces y que al mismo tiempo sigue recordando y amando también al que fue su marido. Me ha encantado ese beso que se han dado y me pregunto que pasará cuando Tessa salga de ese biombo.

besos

aligy dijo...

Gracias a Cassie por regalarnos ésta hermosa historia de Jem y Tessa .Los origenes me enamoro y saber un poco mas de estos personajes me emociona ,me alegra,Cazadores de Sombras es mi saga favorita sobre todas las sagas que e leido,gracias Cassie !!!!!!!!

EmmaJones dijo...

OOHHHHHHH gracias por la traducción!!!!!! En serio
Lágrimas caen a montones, no lo puedo evitar maldita Cassandra siempre logra ponerme los sentimientos a flor de piel, LA AMO, y sobre todo a Jem y Tessa que junto con Malec son mis parejas preferidas de los libros, y ambos son agridulces, por la inmortalidad de Tessa y Mag
Gracias de nuevo y espero ansiosa las siguientes partes
Besos a todos!

rafacds dijo...

Por favor, alguien podria decirme si revela algo sobre ciudad de fuego celestial???? es que estoy deseando leerme esta historia, pero tengo miedo de spoilearme :S. Gracias de antemano!!

Anónimo dijo...

Sólo menciona a algún personaje de TMI en presente, entonces sabes que sigue vivo al final de CoHF. Es lo único que mencionan hasta la parte dos. :)

rafacds dijo...

Gracias!! Aunque mi curiosidad me pudo un poco y leí un párrafo y ahora me arrepiento de saber quien sigue viv@ T.T Mejor me espero a leerme ciudad del fuego celestial, aunque la espera me va a matar de un ataque!!!

Anónimo dijo...

hay mi madre!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
que fuerte quiero que traduzcan lo demás ya. No me gusta q me dejen a mitad de una escena de...bueno de lo que estaban haciendo jijijuijijijij

Anónimo dijo...

Jajajajajajaja a mi me paso lo mismo. Me prometí que no lo leería y esperaría, y la curiosidad me pudo. No quedan ni diez días para poder tener CoHF en nuestras manos!

Lupita Dávalos dijo...

Me encanta esta mini historia!! Ojala Cassie quiera regalarnos algo asi de Will y Tessa...mas explicito q lo de Princesa Mecanica!

Anónimo dijo...

UF!!! Creo que entre un poquito en calor jajjajaja

Anónimo dijo...

esto me aburre...

Anónimo dijo...

Que hermoso!! a mi siempre me ha encantado la historia de tessa jem y will!!! gracias por traducirla no puedo esperar mas para leer cohf!! cuando llega a Mexico??? ya tenemos fecha confirmada?

Anónimo dijo...

Alguien sabe si habrá más jessa en TDA? Graaaacias por traducirlo!!! No puedo con la vida.. :D

Anónimo dijo...

Ohh me encantó muchísimas gracias por traducirlo :) Tenía tantas ganas de saber como continuaba su historia después de princesa mecánica ahora a esperar a que publiquen COHF:3

Anónimo dijo...

Suena bien el viaje de los Ángeles...Me encanto gracias por traducirlo al español, espero impaciente estos días de tortura antes de que salga publicado COHF. Muy bonita la historia ;-)

Anónimo dijo...

Es preciosa! Siempre he sido shipper de Wessa pero me encanta la historia. Y aunque al principio me prometí no llorar, casi cada vez que salia el nombre de Will me salian las lágrimas :'(

Anónimo dijo...

que hot por dios...

Anónimo dijo...

ahora me gustaría aun mas ser tessa

nephilim666 dijo...

Quiero ser Jem con tantas ganas!!!jajaj
Excelente historia,una cosa era imaginarse lo q paso despues del encuentro en el puente(lo obvio ;)) pero esto es perfecto,gracias por la traduccion, Cassandra es una genia!!creo el mejor triangulo amoroso de la historia

Anónimo dijo...

Amo a jem, pobrecito estaba asustado, con gusto te enseño!!

Anónimo dijo...

y yo y yo

Ruby Martínez dijo...

WOW *_* Jem Jem Jem <3
Muchas gracias por traducirlo, me encanta, ojala la hubiesen puesto en el libro tambien. Me ha encantado la historia, ha sido tan romanticooo ^_^ , me encanta esta pareja por siempre <3
Mizpah:)

Maia Roberts dijo...

Ains!!!!!! Que alegria me ha dado Cassie con esta historia ...la unica pega es que me falta mi querido Will.
Amo esta mini historia .

Rebeca Pérez dijo...

Una maravilla. Me encanta como escribe Clare, me encantan sus personajes y adoro a Tessa y a Jem. Ya lo había leído en inglés, pero infinitas gracias por la traducción.
Aunque lo cierto es que he hechado muchísimo de menos a Will. No es que me lo imagine compartiendo piso con ellos, los tres juntos, pero...
Al menos Clare podría escribirles una escenita como esta a Will y a Tessa, ahora que por fin parece desatada en lo que a temas amatorios (no tan insinuados y sí más explícitos)se refiere.

Lupita Dávalos dijo...

Yo opino igual!!

Con imaginarse o suponer algo más intimo de Wessa no basta! jeje...

Ojalá luego Clare nos quiera dar una historia corta de ellos tambien ;)

Karen Esparza dijo...

Hay pero por que jem si hizo mortal !!! ofio que me encanta que se aya curado y todo pero por que mortal? por que no hay un feliz para siempre? maldita y genia cassi me quiere matar de depresión, aunque moriria mil veces con tal de seguir leyendo, me encanta esta historia, aunque me haga llorar a mares y me den ganas de cortarme las venas y todo, la verdad es que ya no puedo esperar para seguir leyendo.

Anónimo dijo...

como will, jem y tessa, no?
eso quiere decir... Heronsteirs!!!!!

Betza Snape dijo...

Es un historia muy bella, que nos deja a todos con ganas de mas, jem y tessa son geniales, tanto que hasta duele que no este will. sin embargo es tiempo de estos dos de estar juntos.

como le dijo wolsi, muy pocos tienen la dicha de encontrar el amor, ella tuvo la suerte de encontrar dos.

rafacds dijo...

Sencillamente perfecto. Creo que es el primer triangulo amoroso que no siento en ningun momento que esté mal. Todo está en su sitio ahora. Espero ver algo más de Tessa y Jem en TDA, por que junto con Will, son mis personajes favoritos.

lara91 dijo...

Hola!! Quisiera saber si puedo leer esta historia sin haber leído ciudad de fuego celestial porque aún no he conseguido el último libro pero ya me leí princesa mecánica y temo que haya algún spoiler.

Gracias!!!

Anónimo dijo...

Ya están acabadas esas partes... además no t deja cn intriga ni nada

Milena Aguilar dijo...

Soy feliz, soy muuyyy feliz, Jem y Tessa son simplemente perfectos y se lo tenían mas que merecido, solo tengo una duda, Tessa puede tener hijos con Jem? Pues como ella no envejece y toda la cosa hay posibilidades? Esperó que cassie nos aclare esto.

Milena Aguilar dijo...

Soy feliz, soy muuyyy feliz, Jem y Tessa son simplemente perfectos y se lo tenían mas que merecido, solo tengo una duda, Tessa puede tener hijos con Jem? Pues como ella no envejece y toda la cosa hay posibilidades? Esperó que cassie nos aclare esto.

may dijo...

Me encantó amo a esta pareja amo estos libros aún no los superó

Mariana Brandan dijo...

Me encanto jeje muy buena mis felicitaciones al autor o autora :)

Herlinda Sánchez dijo...

oh Dios llore como Maria Magdalena fue hermoso y triste a la vez mi corazon se partio en cachitos y se puso bien y se rompio y asi fue hermoso

Sofia Guerrero dijo...

Sii! Boto voto por eso !

Unknown dijo...

sigo llorando
cada bez que apraece escrito will en cualquier lado se me rompe el corazon
este triangulo el la mejor cosa que vi willessa por siempre pero jem te amo